Manifiesto en llamas

No recuerdo en qué momento exacto se volvió más difícil mantener este ejercicio (a veces inútil) de alimentar un blog. Lo comencé con la misma idea con que alguien toma un lápiz y una hoja de papel: por la simple necesidad de tener un espacio donde expresar mis vagos pensamientos sobre lo que fuera. Pero el tiempo, implacable y monstruoso, no tiene piedad y de pronto uno deja las cosas abandonadas, las descuida y deja que se echen a perder. Entonces, un cuaderno se queda plagado de garabatos, pero con varias hojas limpias, solas, sin jamás ser completadas, desterradas a un rincón que nunca recordamos. A veces tomamos consciencia de ese abandono y como un niño, ya adulto, abrimos el baúl de nuestros juguetes y recordamos que eso en algún momento sirvió para algo.

La convicción de que tenemos algo que decir y que a alguien le interesa saber al respecto, es la pura vanidad egoísta que todo ser humano lleva en su naturaleza. Es un ejercicio absurdo, pero inevitable. En realidad hablamos con nosotros mismos. A veces creemos (o nos gusta creer) que hay otras personas escuchando, pero pocas veces hay alguien allá afuera.

Yo no tengo nada que decirle a nadie. Me parece, sin embargo, que dejar ese blog a la deriva no sería justo y es por eso que seguiré visitándolo de vez en cuando. No importa si a alguien le interesa o no (a veces yo mismo pierdo el interés), pero regresaré en algún momento. Cuando me haga falta alguna página en blanco, sé que aquí la encontraré. Por ahora el tiempo me consume y mi tarea más importante se encuentra en otro lugar:

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s