Elephant

He llegado a pensar que “La Regón más Transparente” es una versión novelizada de “El Laberinto de la Soledad”. De la misma forma, puedo decir que “Elephant” es una versión narrativa de “Bowling for Columbine”. El arte de decir sin palabras, de sentir con la vista; situaciones que por el propio impacto de su existencia hablan y sin necesidad de explicar nada, lo dicen todo. Claro, estos libros y películas no tienen nada que ver entre sí en lo que ha contenido se refiere, pero sí en la transición de un formato a otro, de un ensayo a una novela, de un documental a una cinta de ficción.

Las cosas se pueden decir de muchas maneras, algunas mejores que otras, pero siempre interesantes para la cuestión de puntos de vista. Ninguno de los ejemplos antes mencionados son mejores entre sí, solamente abordan temas de diferentes formas. La manera en cómo se quiere decir algo, depende de quién esté contando la historia, aunque a final de cuentas sea la misma. Olvidémonos de estos libros y sumerjámonos en la tragedia. Quizá una de las más grandes en la historia de Estados Unidos: la masacre de Columbine. Un tema así, tan delicado, al caer en manos de un director de cine, debe tomarse bajo un gran sentido de responsabilidad. Alguna vez alguien dijo que todos los artistas debían tener un cierto compromiso con la sociedad, que era su obligación crear obras más allá del sentido contemplativo, hacer algo que trascienda, que ayude y aporte algo.

Cuando se piensa en dos jóvenes masacrando a sus compañeros y maestros en una escuela, surgen numerosas interrogantes. Las dos principales: ¿cómo es que un país deja al alcance de cualquier persona armas de fuego? y la otra, más simple y a la vez compleja, ¿por qué lo hicieron? El camino para encontrar las respuestas es difícil y puede ser diferente, pero se puede resumir en el peso con el que carga la nación más poderosa del mundo, el peso de haberle fallado a su juventud, provocando la muerte de muchos inocentes. La visión de Michael Moore no es muy diferente a la de Gus Van Sant. El primero ha realizado un gran documental, quizá uno de los mejores de la historia, analizando a profundidad la venta de armas en Estados Unidos, pasando por su historia, sus costumbres, su educación, todo con tal de entender qué fue lo que pasó y cómo se llegó a ese punto.

Gus Van Sant simplemente está ahí. Él optó por la misión, tal vez mucho más compleja, de recrear lo que sucedió. “Elephant”, sigue a algunos protagonistas del evento con una cámara, ágil y sutil. En este sentido es parecido a la obra de Moore, ya que por momentos se puede ver como un documento, los hechos tal cual son, como si alguien de verdad hubiera estado siguiendo a esos estudiantes durante el trágico día. Y es ahí donde reside el gran poder de esta cinta, su sentido de la realidad y el compromiso con la misma. No estamos ante una obra moralista, aunque tenga una moraleja. “Elephant” se limita a mostrar lo que pasó, dejando que nosotros carguemos con el peso de los hechos, las respuestas a las preguntas, todo recae en nosotros, de forma natural, como por fuerza de gravedad.

Se escogió a varios estudiantes, casi al azar y se puso a un camarógrafo detrás de ellos durante el día de la masacre, así como a los autores de la misma, que también eran estudiantes comunes y corrientes. Al mostrar la cotidianidad de su existencia parece no contar nada, pero conforme los vamos siguiendo, conforme nos acercamos al clímax, podemos ver más allá, nuestros ojos se abren a una realidad detrás de la realidad. Son personas que juegan, estudian, aman, critican, sufren.  Ahí están, son todos ellos los rostros del momento, muy parecidos a ti, parecidos a mí. La humanidad en bruto, con todos sus relieves. El cineasta supo extraer ese instante de forma tan exacta que casi parece casual. Es tan fiel que es brutal, como una bofetada, crudo, directo, sin rodeos. Parece que el director permanece mudo, ajeno, sin estar ahí, está presente, sin hablar, nos grita.

“Elephant” es una obra magnífica, que al mismo tiempo cumple con la responsabilidad del artista. Uno puede ver muchas películas y después seguir con su vida, las verdaderas obras maestras son aquellas que después de verlas dejan una marca indeleble en nosotros. Después de este filme, no somos los mismos, salimos de un sueño, más bien de una pesadilla, y regresamos a nuestro asiento tras recorrer los pasillos de la Columbine High School.

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