Los laberintos del morbo

Al público lo que pida

Cierto día una profesora nos encargó de tarea ver la película “Tesis” de Alejandro Amenábar. Aquella vez sólo vi la mitad. La secuencia inicial transcurre dentro de una estación de metro, uno de los vagones, donde la protagonista viaja, de pronto se detiene. Una voz anuncia a los pasajeros salir, pues ha habido un accidente que no les permitirá seguir su camino. Bajan, afuera unos policías los acomodan en una fila india y los hacen avanzar, advirtiéndoles a toda costa: no miren hacia las vías. El espíritu curioso de la protagonista la aleja del camino y busca asomarse a ver lo prohibido. Alguien cayó a las vías, su cuerpo mutilado aún yace ahí, ella quiere verlo, avanza, alargando el cuello para divisar al muerto y justo cuando está a punto de llegar a la escena un hombre la detiene y la obliga a integrarse a la fila.

Esta mujer no satisface su necesidad. Esa necesidad que le nació quién sabe dónde, desde lo más profundo de sus deseos, donde las ansias nos llaman como un instinto animal, un apetito reprimido de curiosidad resentida. ¿Cuántos de nosotros no hemos sentido esa fascinación por la repulsión? La película no la terminé de ver, hasta que tiempo después me decidí a acabar con lo que había empezado. El filme es un thriller acerca de una estudiante que está haciendo su tesis sobre el cine violento, para lo cual indaga hasta tratar de encontrar las películas más violentas, según dice con meros fines académicos. Termina encontrando algunas cintas snuff: asesinatos reales grabados.

Es aquí donde se desenvuelve el misterio, estas cintas están en la videoteca de su escuela, ¿quién las grabó?, ¿quién las puso ahí?, ¿por qué? El profesor que se convierte en asesor de su tesis es un hombre cuyo lema es darle al público lo que desea, para él el cine está hecho solamente para satisfacer lo que la audiencia pida. Por ahí dicen que el sexo vende y lo único capaz de competir con él en el salvaje mercado es la sangre. Bueno, ya se han de imaginar. El asesino se descubre, todo llega a su fin, y entonces un noticiero decide transmitir el video. La conductora advierte a los televidentes del fuerte contenido violento del siguiente material, recomendando cambiar de canal a las personas sensibles. Tomadas las pertinentes precauciones lo siguiente es mostrar lo prometido. La pantalla se va a negros y aparecen los créditos.

 


Entre la realidad y la ficción

La película casi no muestra violencia explícita (oh, decepción), pero atiza nuestras ansias a cada momento, le despierta a uno la sed por ver el rojo correr. Atrapado por la historia no puedes más que dejarte llevar por tus instintos. Y ese final, ahí todos, sin excepción, terminamos extrañamente decepcionados. Si aquel noticiero hubiera sido real ¿cuántos abríamos cambiado de canal o apagado la televisión? Me atrevo a decir que pocos. Cuando terminó, no me quise quedar con las ganas y aprovechando el poder que nos da el internet comencé a buscar videos snuff. No encontré tal cosa. Pero violencia sí y mucha, videos reales, torturas a animales, accidentes, ejecuciones… entonces me pregunté: ¿qué demonios estoy haciendo?

¿A qué responde este comportamiento? Ahí están los periódicos amarillistas que ponen en su primera plana cadáveres despanzurrados, cabezas abiertas como huevos, miembros hinchados y morados, ojos saltones, rostros destazados. Se venden como pan caliente. La escuela creada por la revista “Alarma!”, desde los años sesenta y bajo el lema de “únicamente la verdad”, sigue vigente. Y como ya todos sabemos la verdad es muy cruda. Pero ¿quiénes ojean esas páginas llenas de cinismo? Muchos, miles, millones. ¿De dónde proviene la atracción por la violencia?

Películas perturbadoras existen muchas, algunas más que otras, pero ahí están disponibles para quien sepa, o se atreva, a buscarlas. Sobre el cine snuff desconozco si es un mito o una realidad y si es real debería encontrarse en los barrios más bajos, en un mercado negro ocultísimo. Pero no hay que ir tan lejos, en un cine más apegado a la ficción también se pueden encontrar toda clase de atrocidades. Quizá uno de los mayores retos de este cine es recrear la muerte, hacerla ver real en todos sus detalles, sin que nadie salga herido en verdad. Aquí está la magia del cine, pero en este caso sería del tipo de magia negra y prohibida.

Yo he visto mucha sangre falsa correr. Me parece que los filmes más antiguos son mejores porque tienen una manufactura más rudimentaria, es decir, no emplean efectos por computadora, por lo que se puede apreciar un mayor realismo, que al final es lo que se busca. ¿Por qué se busca eso? No lo sé. Uno tal vez pensaría que ese tipo de filmes no tienen nada rescatable, son simple espectáculo, sin sentido ni fundamento. Se sorprenderían de la fundamentación de algunas de estas obras, en el sentido más artístico, pues aunque la mayoría de las historias dejan mucho que desear, algunas tienen un fondo de verdad interesante.

 


De Sade al Amazonas

Repasemos algunas de las películas más estremecedoras. Algunas son honestamente malas, pero otras tienen toda la intención de perturbar y el fin no siempre es morboso, recordemos la escena del extintor de “Irreversible” y la violación de esa misma película. Ejemplos sobran. ¿Qué les parece el Marqués de Sade? Su literatura basta para revolver las entrañas de los castos, no es cosa fácil recrearlo en el celuloide con los mismos resultados, pero Pier Paolo Pasolini no sólo lo logra, sino que lo trasciende. “Salò o le 120 Giornate di Sodoma”, toma la obra más grotesca del Marqués (“120 Días de Sodoma”) y la traslada a tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Los libertinos son unos fascistas desalmados que, como en el libro, secuestran un harem de muchachitos y muchachitas para entre todos dar rienda suelta a los actos más perversos, aprovechando sus influencias y su dinero.

Este filme de 1975 fue el último de Pasolini, es una protesta fuertísima, bastante explícita, pero sin exagerar, retratada con una fotografía impecable que sorprende. Tengo entendido que el filme está prohibido en varios países y que tal vez algunos de los muchachos que aparecen eran menores de edad (aunque en realidad no sufrieron ningún daño, por así decirlo). Otro filme monstruosamente controversial es “Cannibal Holocaust” de Ruggero Deodato, también italiano. Su contenido se sale de los límites en muchos sentidos, uno de ellos es el asesinato a animales, el cual no es fingido sino real y grotesco (¿snuff animal?). La violencia a humanos está tan bien cuidada que en algún momento se llegó a creer que también era real, por lo que Deodato tuvo que llevar a los actores en persona para demostrar que estaban vivos.

Pero el trasfondo de la película es lo que en verdad importa. Un grupo de jóvenes viajan a la selva amazónica con el fin de estudiar a las tribus desconocidas que ahí habitan, arriesgándose a los peligros de lo primitivo. Ellos nunca regresan, entonces un profesor va a explorar el área con el fin de rescatarlos. Claro, ya es demasiado tarde pero logra recuperar una cinta con todo lo que les sucedió. En ella se puede observar quiénes eran los verdaderos monstruos. Las tribus caníbales son presas de la invasión, la incomprensión y el salvajismo de los que se hacen llamar “civilizados”, quienes al final simplemente reciben una cucharada de su propio chocolate. El filme transcurre cuando los ejecutivos de una televisora buscan transmitir está cinta al aire, pero antes tendrán que ver a qué se atienen. La proyección termina y los ejecutivos deciden quemarla, saliendo de la sala en silencio. Para poder transmitir este impacto, claro que la película es explícita (muy explícita), pero al final es una crítica al sensacionalismo de los medios y a la intolerancia de la civilización.

Creo que películas como ésta son a veces necesarias. No justifico la muerte de los animales, pero el hecho de que Deodato no haya tenido ningún recato nos hace entender de verdad lo crueles que podemos llegar a ser cuando nos creemos todopoderosos, cuando pensamos que somos superiores y no buscamos entender, y sobre todo nuestro afán por mostrar violencia explícita con la intención de obtener más audiencia o vender más periódicos. Cosas así, como la odisea que se retrata en el Amazonas, son intolerables, son cosas que no sólo nadie debería hacer, tampoco nadie debería ver, pero, paradójicamente, para entender eso era necesario recrearlo.

 


¿Mal necesario?

¿Cuál es la necesidad de estos directores? Su intención verdadera pudiera parecer difícil de observar debajo de tanta crueldad gráfica, pero ahí está. Sin embargo, ¿es necesaria tanta violencia? Tarantino dijo que era “muy divertido”, pero ¿qué hace que la violencia pase de ser algo prohibido a un show de entretenimiento? No es el caso moralizar y decir si está bien o mal, el punto es que así se hace, desde hace décadas, los temas tabú tienden a provocar una extraña atracción, como mirar a través de una rendija un secreto inexpugnable.

La violencia en el cine es tan sólo un reflejo de lo que se hace en el resto de los medios, tal vez disfrazados de cierta intención informativa, pero que a  todas luces quieren atraer audiencias con ese imán que provoca el morbo. Este tipo de cine no disfraza nada, lo dice así, sin recatos, se pavonea, es altanero y presume de ser impactante. Volvemos al caso de los periódicos amarillistas, donde sin ningún respeto por la vida (o la muerte) de las personas, publica encabezados coloridos y fotografías sumamente gráficas, con la promesa de cumplir el deseo apremiante de todo aquel que se precie de adquirirlo. No hay tapujos porque la gente, así como gusta de ver sexo, también quiere ver sangre. Entonces todo aquello se vuelve espectáculo.

Sin embargo, los casos de Pasolini y Deodato, a pesar de tratarse de dos de las películas más polémicas de todos los tiempos, son una parte bastante intelectual de este cine. La otra parte es el baño de sangre sin sentido, ni fundamento. Es más, esta otra parte ni siquiera necesita una historia. Un caso singular es un cortometraje japonés extraído de una serie llamada “Guinea Pig”, compuesta por ficciones con la intención de exaltar los sentidos, uno de ellos se hace llamar “Flower of Flesh and Blood”. Lo que muestra no es más que una recreación de lo que sería un filme snuff (como el que Amenábar nos planteaba), unos tipos secuestran a una mujer, la drogan, la atan a una cama y el asesino se dedica a cortarla en pedacitos poco a poco, con una minuciosidad impactante y un gran detalle de la cámara, que muestra todo sin dejar lugar a dudas sobre su veracidad. Claro, cumple su cometido, pero es falso.

Como mencioné, los ejemplos son muchos, de muy variadas circunstancias, de las mentes más retorcidas que gustan de inventar nuevas formas de falsear la muerte engañando al ojo humano, pero satisfaciendo esta necesidad oculta. Como decía un personaje de “Tesis”, cuando la protagonista veía unas películas y expresaba su repudio, él le contestaba que no fingiera, que bien que a ella y a todo mundo les gustaba. Como la película apenas comienza, al escuchar ese comentario el espectador se persignará, diciendo para sus adentros “este muchacho está loco, claro que no nos gusta ver semejantes atrocidades”. Pero Amenábar nos descubre en nuestra propia mentira.

Personalmente no creo en la autocensura de los directores, que prefieren ocultar escenas de sexo y violencia, respondiendo a un afán de conservadurismo. Según yo, si es necesario mostrar estas cosas, deben de mostrarse pues son parte de la vida y para retratarla fielmente en una pantalla no hay porque frenarse. Pero, ¿qué hacer cuando la violencia se vuelve el protagonista? Está claro que esto responde a una profunda necesidad del ser humano. Independientemente si sea gratuita o con fundamento, la violencia gráfica es nuestro secreto más oscuro.

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6 Respuestas a Los laberintos del morbo

  1. …Cuando terminó, no me quise quedar con las ganas y aprovechando el poder que nos da el internet comencé a buscar videos snuff. No encontré tal cosa. Pero violencia sí y mucha, videos reales, torturas a animales, accidentes, ejecuciones… entonces me pregunté: ¿qué demonios estoy haciendo?……

    no he terminado de leerte, pero cuando he llegado a este punto no he podido dejarlo pasar…, me paso exactamente lo mismo…, y ¿a que se debe este comportamineto? morbo, morbo, y mas morbo…, eso si, desde tu casita resgurdado sin correr peligro ni pasar frio.., nos han mostrado tanto en la tele, que hasta lo real lo vemos pasar por delante de nuestros ojos como si fuera una pelicula….

  2. me ha encatado tu entrada, con tu permiso, te enlazo en mo blog…

  3. Pingback: La Necesidad De La Violencia « Mientras Me Fumo Un Cigarro

  4. Comparto enteramente contigo, que las personas dada la metamorfosis que han sufrido con el transcurso del tiempo, han decidido entrar en ese teatro de la vida, donde semuestra la crueldad, la violencia y el desatino incontrolado.
    Comparto tu visión de que al parecer, muchos de nosotros, se sienten atraidos por ese tipo de conducta que me atrevería a calificar de inaceptable. estoy convencido que si indagamos en el fondo de la cuestión, presenciar esas escenas de pánico, dolor, tragedia, y maldad, nos producen cierto rechazo, a pesar de que en ese preciso momento y dependiendo mucho del estado anímico en el que nos encontremos las damos por buenas. No estamos concebidos para soportar tanta ingnominia y esos actos aberrantes de la conducta, en el fondo deseamos todo lo contrario. La solución está en nuestra mano!!
    Un saludo

  5. Apasionante su texto. Diría Freud pulsión sexual y pusión de muerte. Poniendonos rigurososo, pienso que valdría la pena un acercamiento a lo que excelsamente nos expones, Carlitos, a través del psicoanálisis. Que debe haber bastante material al respecto. Cuando escribo así imagino que espero un tren en la estación de Londres. Pero no me detengo más con mi imaginación. Es gusto leerlo.

  6. Desde un punto de vista animal es incluso razonable…

    el hecho de pensar que las pulsiones sexuales como el instinto de supervivencia son cosas tan naturales y que en el ser humano aun hoy “parecieran no existir” propiamente te puede dar una idea más clara de hacia donde va todo.

    No creo que los humanos gusten o tengan repudio de instintos tn naturales….. simpemente significa eso…

    quiza se refiera más bien a las represiones sociales ante tales aspectos… el cometer asesinatos y violentar contra otros… cometer actos impúdicos etc etc…. todo eso está mal visto a los ojos de la sociedad, pero a fin de cuentas,algo muy natural en nosotros… (el clásico arranque de “locura” con el que se cometen muchos asesinatos es … a mi modo limitado de ver….una forma de escape de esos instintos reprimidos)

    y aunque siendo sincero, me ajusto a muchos de esos canones (no podria llamarlos conservaduristas…. pero si un tanto represores) ….pienso que es esa represión lo que genera el morbo alrededor del sexo …. y de la violencia… la muerte…

    Es como si un día la sociedad cambiara de leyes y a todos se nos permitiera matar por matar…. lo más probable es que perdería ese “feeling” de atracción haciala violencia y a la muerte…

    como te digo… para nada es algo que yo quisiera que ocurriera, lo abordo meramente desde un punto observativo e hipotético..

    muy buen texto… como siempre

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